Era diferente, como todas las personas, siempre algo en nuestras vidas nos vuelven diferentes a otras y ella, no era la excepción.
Ella lloraba por las noches, su depresión inundaba su mundo en cada uno de sus días, la ansiedad, la ira, la tristeza, la debilidad, todo aquello por lo que pasan los típicos adolescentes a su edad. Pero ella tenía algo más, algo que no todos tenían.
Una mente suicida.
Creía que su lugar en el mundo no existía, que nunca podría adaptarse a la dolorosa y cruel realidad. Ella prefería sumirse en un mundo de fantasía, en su cabeza, todo era perfecto. A excepción, que al final de sus historias, siempre había un dramático, triste y real final. Ella no podía pensar en una real feliz vida para ella misma, simplemente no podía.
El problema no era realmente su vida, su problema eran sus sentimientos y, los sentimientos están en nuestras cabeza, por parte, su problema, era su cabeza, su mente.
Temía estar loca, no ser comprendida, ella sufría por no ser escuchada pero tampoco se animaba a decir las palabras que tanto quería decir y que gritaba interiormente. Quería, pero no podía.
Ella se odiaba a si misma, aborrecía cada parte de su cuerpo y personalidad. Detestaba la forma de sus piernas, tan grandes y rellenas. Ella sufría al ver su vientre, tan hinchado y sobresaliente. Ella no podía observar ni su rostro, lleno de defectos y fealdad. Se daba asco ella misma, le costaba horrores aceptar que así era y que posiblemente, toda su vida tuviera esos grandes defectos.
Ella intentaba auto ayudarse, pero no funcionaba. Nada funcionaba.
El sentimiento era tan profundo que por muy poca alegría que sintiera, al menos por un segundo, un simple y miserable segundo, se sentía culpable. Culpable y ansiosa, por volver a caer.
Decaía siempre, no podía comprender desde cuándo se había vuelto esa chica tan decepcionante que reflejaba el espejo, no se reconocía pero, ya no había caso. Esa era su dura realidad.
Ella buscaba formas de distraerse de su vida, de sus sentimientos, de sus pensamientos, aferrandose a pequeños placeres de la vida. Leer, escuchar música o dormir. Su familia la llamaba antisocial o tal vez hasta vampiro por su palidez debido a no salir de casa, pero a ella no le importaba, ella sólo quería escapar.
Bajo un mundo ficticio, ella creía que aquella era la única manera de tener diferente vidas, sentir nuevas cosas extraordinarias y conocer más sobre el mundo imaginario que le hacía fabricar su lectura.
Ella comenzó a tener esperanza, esperanza en alguna vez encontrar a una persona que la salvara, que la sacara de aquel infierno en su cabeza. Ella sólo quería dejar de arder en llamas todo el tiempo y simplemente, vivir.
Sin embargo, ella lo sabía. Lo sabía perfectamente bien; Era imposible.
Nadie se fijaría en ella. En nadie podría confiar. Nadie la podría hacer sentir segura. Nadie la podría amar. Nadie.
Eso la devastó.
Ella amaba pensar en su futuro, en las grandes decisiones que tomaría profesionalmente pero siempre teniendo presente la idea de forma una familia o de ser feliz con alguien a su lado. No, ella estaría sola toda su vida, estaría en soledad hasta su muerte. No podría contar con nadie, tendría que estar con las superficiales y falsas amistades, ella, no lo toleraba. No podía más.
Su vida familiar en la actualidad, era un pequeño desastre. Padres separados pero a la vez juntos. Un padre que la odiaba y culpaba por sus propio errores. Una hermana que la sacaba de quicio pero que ella misma sabía que sufría demasiado interiormente y que ella, no podía hacer nada.
Estaba atascada en su mundo rutinario,siempre haciendo lo mísmo, lo cotidiano, aburrida, detestando la vida.
Ella quería algo diferente para si misma, ella quería aventura, quería viajar, disfrutar de lo poco bueno que quedaba del planeta.
Ella quería cambiarse drásticamente en todos los sentidos, incluyendo fisicamente, en especial. Ella quería gustarse a sí misma y estar bien.
Estar bien.
Eso es lo que ella tanto anhelaba. Estar bien.
Lo conoció a él y todos sus desprecios a la vida cambiaron. Él le hizo ver lo positivo y lo extraordinario del mundo, el la hizo sentir mejor que nunca. Él le hizo sentir como si estuviera volando en la misma realidad.
Lo imposible se volvió posible. Ella comenzó a quererse a sí misma. Ella fue capaz de amar con todo su ser a alguien que realmente merecía su amor, pero también fue afortunadamente correspondida con el mismo gran amor por parte de él.
Gracias a él ella pudo vivir grandes aventuras, haciéndose que ni ella misma pudiera reconocer su propia realidad de algún que otro hermoso sueño.
Él comenzó siendo el mejor amigo que ella jamás pudo imaginar, y terminaron siendo la historia de amor más histórica de sus propias vidas.
Ella por fin pudo decir que realmente era feliz, finalmente pudo sonreír de verdad.
Él fue su ángel, su protector, su rescate de la oscuridad.
Pero lo que ella no sabía era que, en realidad, ella lo rescató a él.

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